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La alimentación, la exposición solar y la suplementación son las tres vías para conseguir esta vitamina D

La vitamina D es un nutriente muy importante que ayuda al cuerpo a incorporar el calcio y el fósforo procedente de los alimentos que ingerimos. Es decir, fija el calcio en los huesos ayudando así a mantenerlos fuertes y sanos.

Es muy común que haya personas que presenten deficiencia de esta vitamina. Esto suele comprobarse a través de una analítica de sangre y, a veces, radiografías. ¿Cuál es su causa? La más frecuente es la escasa exposición a la luz solar. Pero también influyen otros trastornos.

Entre los beneficios de la vitamina D destacamos:

  1. Fortalece nuestro sistema inmunológico. La vitamina D aumenta nuestras defensas y nos protege. Ayuda a mantener nuestros huesos sanos
  2. Regula el colesterol y ayuda a mejorar el peso corporal.
  3. Nos permite gozar de una buena salud mental. Incrementa la autoestima y disminuye la ansiedad, el estrés, la depresión…

La cantidad de vitamina D que necesita cada persona depende de la edad. En todas las personas la ingesta diaria recomendada es de 15 microgramos (mcg) o 600 Unidades Internacionales (UI). Mientras que, los bebés de hasta 12 meses necesitan 10 mcg o 400 UI y los mayores de 70 años, que requieren más, en torno a 20 mcg u 800 UI.

Esta vitamina la podemos encontrar en los lácteos: leche entera, yogures enteros, queso y mantequilla. Eso sí, hay que tener en cuenta que la vitamina D es liposoluble. Por lo tanto, los alimentos que son completamente desnatados van a carecer de esta vitamina. Nuestros lácteos de Alta Moraña son un alimento con alto contenido en vitamina D. Idóneos si buscas alimentos ricos en este nutriente.

También son alimentos ricos en vitamina D la yema de huevo, el hígado de ternera, el pollo, el salmón o la caballa cocidos, el atún o el aceite de hígado de bacalao. ¡Toma nota y que no falten en tu dieta!

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